Vivir el centenario de las apariciones de la Virgen en el santuario de Fátima ha sido una experiencia de bendición…
Pubicado en Noticias a las Fraternidades nº 18
Vivir el centenario de las apariciones de la Virgen en el santuario de Fátima, con el Papa Francisco, ha sido una experiencia de bendición… ¡y de sorpresas!
Cuando el Papa llegó en helicóptero desde el aeropuerto, quiso sobrevolar tres veces el lugar donde estábamos reunidos un millón de personas, y nos llenó de alegría ver ese puntito blanco en el cielo. La lluvia paró en el mismo momento en que aterrizaba. Un lindo sol vino a acompañarnos, hasta el momento en que el Papa entró de nuevo en el avión para marcharse…
Al llegar a la Capeliña, delante de la Virgen, el Papa se puso en oración y la muchedumbre con él, en profundo silencio, fueron unos ocho minutos muy intensos. Vino como peregrino. Incluso anduvo a pie por la noche en la explanada para la bendición de las velas, a pesar de su cansancio bien visible. Su cercanía nos conmueve a todos. También sus palabras nos llegaron al alma, tan realistas y sobrenaturales como siempre.
Todos querían ver al Papa de cerca, y con mucha alegría y buen humor se quedaron todo el día en la explanada hasta que llegó y muchos, toda la noche siguiente para estar preparados para la Eucaristía del día 13, a pesar de que había pantallas gigantes por todas partes. Muchos se habían llevado la comida, y allí comieron. El ambiente era distendido y festivo.
Todo estaba bien organizado, tanto por el Santuario como por las autoridades civiles. La ciudad estaba limpia y tenía un aspecto de fiesta y de fraternización en todas partes, y se respiraba un aire de mucha paz.
En la fraternidad, lo preparamos todo bien de antemano, para tener una buena organización y estar tranquilas para poder aprovechar también nosotras las celebraciones. Teníamos la casa llena, con colchones en todas partes, y había que estar disponibles y atentas a todos, ofreciendo un café, etc… En la casa estaban 24 personas, sin contar las hermanitas de la comunidad.
Como todos los años, pusimos el sótano a la disposición de un grupo de peregrinos que habían venido a pie. Tenían los baños y la posibilidad de cocinar independientes, lo que apreciaron mucho. En el jardín conseguimos meter una caravana, una tienda y 18 coches. Nos dio mucha alegría poder acoger así, ver a todo el mundo contento y como cada uno pensaba en los otros y les dejaba espacio.
El Papa Francisco lanzó un desafío a la Iglesia: ésta sólo brilla cuando es “misionera, acogedora, libre, fiel, pobre en medios y rica en amor”.
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