Quítate las sandalias de los pies porque la tierra que pisas es tierra santa


En Ceuta pasamos algunas puertas santas: CETI, el mar-la playa-el cementerio, la frontera de El Tarajal, Benzú (junto a la valla).

Ceuta junio 2016

“Yo soy la puerta, 
el que entra por mí se salvará… 
Yo he venido para que tengan vida 
y la tengan en abundancia” 
Jn 10, 9 ss

“Jesús de Nazaret, con su Palabra, 
con sus gestos y con toda su persona 
revela la Misericordia de Dios, Gracia y Paz” 
(Papa Francisco)

Queridas hermanitas y amigos

En este año de la Misericordia deseamos releer y compartir algunos de los acontecimientos que hemos vivido en este último tiempo y que hemos podido compartir con algunos amigos y otras hermanitas, como una peregrinación en esta tierra de Ceuta. “Ceuta, ciudad autónoma de frontera entre Marruecos y España, separa dos continentes: África y Europa, dos mundos: el norte opulento y el sur empobrecido, África y Europa se mezclan” (Pietro Soddu).

Con Jesús, el Buen Pastor, la Puerta (Jn 10,9) está habitada de esta Palabra de Dios en un camino de contemplación. “Quítate las sandalias de los pies porque la tierra que pisas es tierra santa” (Ex 3,5). Pasamos algunas puertas santas: CETI, el mar-la playa-el cementerio, la frontera de El Tarajal, Benzú (junto a la valla).

Vamos al CETI cada semana. Por la mañana, antes de salir, en la oración comunitaria confiamos esta peregrinación… andar al encuentro del otro a lo largo del camino. Dios camina con su pueblo, Jesús dice de sí mismo “Yo soy el camino” Jn 14,6. Encontramos tantos muchachos que van al curso de español, que van a trabajar aparcando coches o en las puertas de los supermercados ayudando a la gente y recibiendo lo que cada persona le ofrece… Es una peregrinación de encuentro, de pararse para intercambiar alguna palabra, un saludo. Entrar en el CETI es como entrar en una catedral donde hay acogidos entre 500 y 800 jóvenes de África, Asia, Medio Oriente, cuántos rostros, cuántas historias sagradas…


Encontrarse, escuchar, estar, compartir tomando un café y celebrar la vida con pequeños gestos que tienen sabor de Eucaristía y pan partido “Haced esto en memoria mía” Lc 22,19. Mientras una de nosotras estaba hablando con algunos muchachos, uno de nuestros amigos estaba en su habitación llorando porque había recibido la noticia de la muerte de su hermano de 25 años ahogado en el Mediterráneo en una patera que salió de Libia. Nos ha dicho: he reconocido la voz y esto me ha hecho levantarme, salir y poder compartir el dolor que estoy viviendo… estar lejos de la familia sabiendo que mi hermano está en el fondo del mar y no podemos recuperar su cuerpo me duele… El llanto es siempre una invocación, un grito diferente, una manifestación del dolor incontenible. Hemos vivido su dolor siendo cercanas y rezando juntos.

Qué alegría y agradecimiento el gesto de un sacerdote de Ceuta que ha venido con nosotras al CETI para conocer de cerca esta realidad. La alegría de los jóvenes de recibir la visita de un sacerdote les ha dado vida, la ternura de la Misericordia se ha hecho cercana.

Continuamos la peregrinación caminando por la arena a la orilla del mar, contemplamos la belleza del mar Mediterráneo, la salida del sol con su luz… el Océano Atlántico, contemplamos la puesta del sol con sus maravillosos colores… “De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor” (salmo 113). Permanecemos en silencio contemplando la belleza de la creación y un himno de alabanza surge de nuestro corazón y mirando más allá… pensamos en las pateras cargadas de personas que se dirigen a Europa, también en estos días cuántas tragedias en el Mediterráneo… Cuando escuchamos a los amigos que han vivido la travesía, a los que han tenido que nadar, a los que lo han conseguido, a quien ha escuchado el grito del hermano que estaba ahogándose y no ha conseguido salvarlo… cargar con este “grito” da un sentido de culpabilidad, a quien ha tenido la fuerza de ayudar a un hermano en la diferencia, nuestra oración se hace súplica e intercesión…

Caminamos y llegamos al cementerio donde descansan tantos amigos, rezando, poniendo flores y pensando en sus familias. Son pequeños gestos de la vida que buscamos vivirlos con Jesús que es la Puerta, la Fuente y que de la herida de su costado emana una corriente de Amor, de Ternura y Misericordia.


“El Señor es compasivo y misericordioso” (salmo 103,8) y es así como nos permite vivir la unión, el agradecimiento, la reconciliación, que todo se pacifique en nuestro interior… rezando con nuestros amigos africanos y uno ceutí en Benzú, junto a la valla y al mar por donde tantos pasan y más aún lo intentan.

Hacer de la vida una Eucaristía lleva consigo vivir los pequeños gestos cotidianos de unión, amistad, agradecimiento, intercesión… Y así, por ejemplo, el jueves santo vino a casa una amiga musulmana para hacer el pan con el que rezamos el día del amor fraterno.

La puerta santa del Tarajal, por donde cada día pasan tantas y tantas personas para Ceuta, para Marruecos, llevando la alegría y el peso de las dificultades de la vida… nos abre al mundo musulmán, a Marruecos y el mundo laboral también se hace presente. En Marruecos van creciendo las relaciones con nuestras hermanitas, con la Iglesia, con los amigos…

“Trabajar quiere decir prolongar la obra de Dios en la historia contribuyendo de forma personal útil y creativa… no puede ser prolongado o reducido en función del beneficio de pocos y de formas productivas que sacrifican valores, relaciones y principios… Cuando no hay trabajo se pone en riesgo la dignidad porque la falta de trabajo no sólo no te permite llevar el pan a casa sino que no te hace sentir digno de ganarte la vida… Es necesario formar un nuevo « humanismo del trabajo” donde el hombre y no el beneficio está en el centro, donde la economía sirva al hombre y no se sirva del hombre” (Papa Francisco). Es en el mundo laboral donde compartimos el sudor, el cansancio, las dificultades… el trabajar de noche, el trabajar en condiciones muy precarias… compartir un día a día y codo con codo con musulmanes, cristianos, ateos, hindúes… Así la hermanita Carmen Rebeca continua trabajando por las noches en una residencia de ancianos y la hermanita Paloma en estos últimos meses ha trabajado en una empresa de limpieza, en la cocina de un mesón y ahora en la cocina de un chiringuito en la playa. «EL me da, durante el trabajo, pensar fielmente en EL… una vida de trabajo y vida de oración…» (hermano Carlos). « Amad esta realidad de trabajo, respetadla, haceros pequeñas. Es así que haremos que LE amen, a través nuestra, al Señor que deseamos hacer iluminar… No busquéis otra eficiencia que la de poder dar a vuestro alrededor, un poco más de alegría, un poco más de amor » (hermanita Magdeleine).


Las cuatro puertas de la misericordia, puertas santas, son como los cuatro puntos cardinales que abrazan al mundo entero y nos abren a todas las realidades sufrientes y de muerte que el Señor puede convertir en vida. Todas estas son la puertas que aquí en Ceuta nos conducen a Jesús que es la puerta a la Vida “Yo soy la puerta: los que entren por mí se salvarán, podrán entrar y salir libremente” Jn 10, 9. Cuánto deseamos que un día estas fronteras y vallas se conviertan en puertas por donde se puede pasar libremente…

Continuamos nuestra peregrinación rezando por vosotros y contando con vuestra oración.

Vuestras hermanitas Carmen Rebeca, Mª da Gloria, Luigina Mª y Paloma.

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