Ayudó a los más pobres y proyectó su vida religiosa mezclada con la gente, algo sorprendente en un tiempo preconciliar.
Autor: Hermanita Magdeleine
ISBN: 978-84-293-2561-4
Año de Publicación: 2016
Páginas: 192
Hermanita
Magdeleine, cuyo nombre era Magdeleine Hutin, nació en París el 26
de abril de 1898 y murió en Roma, el 6 de noviembre de 1989. Una
vida que llenó todo el siglo XX, y que estuvo plenamente sintonizada
con su compleja realidad.
Desde
la infancia tuvo el deseo de entregar su vida a Dios, pero su salud y
las circunstancias de su familia se lo impedían. En 1921 aparece la
primera biografía de Carlos de Foucauld, muerto cinco años antes, y
se apasiona por el proyecto de seguimiento de Jesús propuesto por
este hombre. Después de una larguísima espera, se va a vivir con
una compañera junto a los nómadas pobres de Argelia. Aunque no era
su intención primera, acaba fundando una congregación religiosa,
que empieza en los primeros días de la segunda guerra mundial, el 8
de septiembre de 1939.
Había deseado y pensado la
Fraternidad sólo para los pueblos musulmanes, pero muy pronto, en
1946, la invade la certeza de que su congregación se debe extender
al mundo entero, y compartir la vida, real y socialmente, con los
trabajadores manuales… con los pueblos más lejanos de nuestra
cultura en África o en América Latina, con los gitanos, los
leprosos, los presos…
Hermanita
Magdeleine no escribió nunca libros, su obra ha sido dar visibilidad
a la ternura y la cercanía de Dios en una congregación nueva, que
quiere ser esencialmente una Fraternidad. Aunque es verdad que su
gran inspirador fue Carlos de Foucauld, que comprendió el valor de
la proximidad gratuita a un pueblo distinto e ignorado, Magdeleine es
una mujer de tiempos nuevos y su vida, en pleno siglo XX, es una
respuesta vigorosa y clara de evangelio a los desafíos de una época
distinta. El mundo obrero, los pueblos colonizados, las dictaduras
modernas, y tantas otras situaciones nuevas que van apareciendo ante
sus ojos, son para ella otras tantas llamadas que percibe como
venidas de Dios.
Su
manera de transmitir el tesoro que Dios le había confiado no era
hacer libros de teología, ni siquiera tratados de espiritualidad,
sino partir de la vida concreta para descubrir el modo propio que
Dios tiene, en Jesús, de acercarse a la humanidad. Sus escritos son,
en su inmensa mayoría, cartas a las hermanitas o a otras personas
relacionadas con la fundación, y diarios en los que iba anotando lo
vivido en el día a día para compartirlo con las comunidades. La
mayor parte de estos textos son inéditos, y podemos hoy ofrecerlos
al público. El libro, según el formato habitual de la colección de
“Escritos Esenciales”, no es una biografía propiamente dicha,
sino que está organizado por temas, aunque intentamos colocarlos por
orden de aparición en la vida de Magdeleine.
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