El domingo 05 de octubre, en la monición de entrada escuche:
“Estamos celebrando la Pascua” y luego cerca de las 13 horas, un
teléfono de Fontilles nos anunciaba que nuestra Hermanita María
Dolores acababa de vivir su Pascua sin hacer ruido.
Maria Dolores nació en Cartagena (Murcia) el 29 de abril de 1929, se unió a la Fraternidad de las Hermanitas de Jesús en 1959 y entró al noviciado en Le Tíbet (Francia) en marzo de 1961 y allí hizo su primera profesión el 25 de marzo del año siguiente. Hizo su profesión perpetua en Roma el 30 de septiembre de 1967. Casi siempre ha vivido en España, un poco en Suiza, y algunos años en Tre Fontane (Italia)...
El
24 de setiembre 2001, María Dolores dejo Málaga para establecerse
en Fontilles, la única leprosería de España y tal vez también de
Europa, para vivir en la residencia para personas mayores, con un
único deseo:
compartir con los más pobres los últimos años de su vida,
y ¡ realmente lo vivió a fondo a lo largo de todos estos años.!
Desde
su entrada a la Fraternidad, ella consagró su vida los enfermos de
la lepra. Después de un largo discernimiento y con sus 70 años, se
fue para vivir con ellos. En Fontilles ella encontró su casa, su
familia, su fraternidad, y su VIDA. En estos últimos años una
enfermedad de la piel la hizo sufrir mucho, como si Dios hubiera
tomado en serio el don de su vida para los leprosos.
Celebró su Jubileo con gran alegría, en Fontilles y en Murcia, su tierra natal, donde hay una fraternidad desde hace 5 años. Era la fraternidad más cercana y María Dolores la consideraba ahora como su fraternidad…
María Dolores había
expresado el deseo de ser enterrada en Fontilles, y había indicado
las lecturas que le gustarían para la misa de funeral: 1Jn 4, 7-13,
el salmo 23, y Mt 25, 31-40.
A las 5 de la tarde del lunes tuvimos la
misa en la antigua iglesia del hospital, una construcción a parte,
espaciosa y bastante bonita. Cantamos, rezamos, con mucha emoción y
serenidad. El P. Carlos, jesuita que ha vivido bastantes años en
Fontilles y que continúa yendo allí los domingos para que tengan la
Eucaristía, hizo una homilía corta, sencilla y bien adaptada.
Al
final de la celebración, dos de sus sobrinas quisieron leer un
escrito que la familia había hecho para ella hace 5 años, cuando
cumplió los 80, y un texto de Pedro Casaldàliga, que María Dolores
les había mandado poco tiempo antes. Y María Begoña dijo unas
palabras dando las gracias a María Dolores y a su familia, y a todos
los habitantes de Fontilles, que la acogieron y le dieron su amistad
a lo largo de estos 13 años… e incluso antes, durante sus
estancias como voluntaria.
Después, la
acompañamos al cementerio de ese lugar tan hermoso y tan extraño al
mismo tiempo, donde tantos enfermos de lepra, y tantas personas que
estaban a su servicio acabaron su vida en la tierra, y donde sus
cuerpos descansan en la paz.
Estábamos a gusto juntos, la familia,
sus amigos más cercanos de Fontilles y nosotras hermanitas, para esa oración
final, antes de la sepultura, que terminamos con la Oración de
Abandono.

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